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Victoria Inaudi
Todos los poemas

El Cortile

Caminaba de tu mano , entre muros que habían visto pasar los siglos y calles estrechas que la noche vestía de misterio.

La piedra antigua, iluminada con una delicadeza casi irreal, parecía guardar secretos que solo los amantes podían descubrir.

Vos eras de ahí, habitante de aquella belleza, conocedor de los rincones donde la ciudad escondía su magia.

Yo caminaba a tu lado, entrando despacio en tu mundo, sin saber que, entre aquellas callejuelas, también comenzaba a perderme en vos.

A veces nos deteníamos. La noche nos ofrecía sus pliegues, alguna esquina sin testigos, un rincón donde la historia callaba para darle espacio a nuestros besos.

Vos, yo, nuestros besos, la ciudad entera, con sus siglos de piedra y memoria, nos concedia el privilegio de ese único encuentro .

Recuerdo tu olor.

Qué extraño es el cuerpo, guarda lo que la razón no sabe explicar. Tu olor permaneció en mí como una palabra secreta, como una huella invisible que todavía podría reconocer en medio de una multitud.

Me gustaba. Me gustabas.

Y había algo hermoso en esa certeza sencilla, en no necesitar promesas, en descubrir que el deseo también puede comenzar con una risa compartida.

Tomamos vino. Nos reímos. Nos contamos de nosotros, de nuestras vidas, de aquello que nos había hecho ser los que éramos aquella noche.

Nos escuchábamos con curiosidad, como si cada historia abriera una puerta, como si detrás de cada palabra hubiera otra manera de acercarnos.

Y quizás por eso todo era tan liviano, tan libre de respuestas, tan hermoso en su incertidumbre.

Después llegamos al cortile.

Allí, donde nadie nos miraba, dejamos que las manos hablaran, que los labios se buscaran, que la piel descubriera la piel.

Nos tocamos con la curiosidad de quien explora un territorio nuevo,mezcla de ternura y vértigo de saberse deseado.

No había grandes declaraciones. Solo el calor de tu cuerpo, tu boca cerca de la mía, el vino todavía en la risa y la noche envolviéndonos como una cómplice antigua.

Éramos dos personas que acababan de encontrarse y, sin embargo, por momentos, parecía que algo en nosotros llevaba tiempo esperándonos.

qué recordás vos de aquella noche? Quizás otros detalles, otras palabras, alguna imagen que a mí se me escapa.

Yo recuerdo tu mano en la mía, Tu forma intensa de mirarme, tu boca deseando la mía. las calles secretas, el vino, tu risa.

Recuerdo tu olor.

una noche especial que la vida dejó en nuestro camino para que la habitáramos sin pedirle que durara más que aquel momento sin la urgencia de convertirse en historia para merecer un lugar en la memoria.

A veces basta una ciudad, un hombre, unas copas de vino, un beso a escondidas.

A veces basta una noche para que un lugar deje de ser geografía y se convierta en recuerdo.

Desde entonces, Esos muros no son solo piedra antigua, luz dorada, el secreto de sus vicolos, O el silencio de aquel cortile.

Vos y yo, entre los siglos, besándonos en la oscuridad.

Y por un instante, uno de esos instantes que la vida no repite pero tampoco consigue borrar, el mundo fue exactamente donde queríamos estar.

Victoria Inaudi

Victoria Inaudi